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miércoles, 9 de abril de 2014

EL ESTUDIO DE JOSEP MARIA SERT


 
La playa de Castell es conocida por ser una de las zonas más vírgenes de litoral de la Costa Brava y por lo cual lleva años luchando. También por tener un poblado Íbero, por tener la propiedad el rey Pere II el Gran, los ataques del pirata Barba Roja y por la posterior batalla de las Illes Formigues.

Pero si nos acercamos a una era de cambio, donde el Espacio de Interés Natural Castell - Cap Roig dejó atrás la agrícultura para abrirse a la cultura y al turismo, encontramos dos ilustres señores que fueron los protagonistas de ello; Josep Maria Sert y Alberto Puig-Palau.

El primero en instalarse en la zona de Castell fue Josep Maria Sert. Pintor nacido en Barcelona en el 1874, se trasladó a París donde empezó una intensa vida de relaciones que le llevaron a dar a conocer su obra, y conocer a su primera mujer la Misia Godebska, musa de los pintores parisinos de la época, y promotora incondicional de su pintura. Depués de un tiempo en Nueva York vuelve a París donde se enamora de una joven princesa russa, Roussy Mdivani, que aparecio por su taller para trabajar como escultora. 

Antiguo emplazamiento del Hotel Trias
 
La pareja pasa los veranos en el Hotel Trias y su propietaria, Maria Trias, es quien les sugiere comprar la antigua masia de Mas Juny en el 1929. 




La masia es restaurada ese mismo año por su sobrino, el joven arquitecto, Josep Lluís Sert.


Y así es como se convirtió en un punto de interés mediático por muchos intelectuales, artistas, políticos....En 1935 Josep Mª Sert se va a vivir a Italia tras la muerte de su cuñado, y cuatro años más tarde, muere su mujer. El Mas Juny se pone a la venta.

Josep Lluís Sert fue el propietario de unas barracas donde se ubicaba el antiguo estudio del pintor, y que aún hoy, siguen en pie en la playa en muy mal estado, ya que se ven azotadas por los temporales, y que este año, el Ayuntamiento de Palamós ha previsto destinar cerca de 40.000 euros para consolidar el edificio, su mantenimiento y mejora, y señalizar mejor este espacio de gran interés cultural e histórico. 


El pasado 27 de marzo se ha gravado en esta playa El Café de la Marina de J. M. Segarra. os dejo el link del Museu de la Pesca por si queréis ver unas fotografías.

lunes, 10 de junio de 2013

TRUMAN CAPOTE EN PALAMÓS

¿Sabias que Truman Capote paso parte de sus últimos días en Palamós?

Fue el 26 de abril de 1960 cuando Truman (Nueva Orleans, 1924 - Los Ángeles, 1984) llegó en su coche, un Chevrolet, con su secretario y compañero sentimental Jack Dunphy, 25 maletas, un viejo buldog, un caniche ciego y una gata siamesa.
«Pasó su primera noche aquí y luego se alojó en una casa que yo le encontré en la playa de La Catifa, que entonces era monísima», recuerda Josep Colomer.
 Se instaló en el emblemático Hotel Trias, por muchos conocido como el "hotel de las estrellas" ya que además de Truman Capote también se alojaron en él, Ava Gardner y David Niven en sus vacaciones de verano.
"Esto es un pueblo de pescadores, el agua es tan clara y azul como el ojo de una sirena.
Me levanto temprano porque los pescadores zarpan a las cinco de la mañana y arman tanto ruido que ni Rip Van Winkle podría dormir [el protagonista de un cuento de Washington Irving que se quedó dormido 20 años bajo la sombra de un árbol]".





«Llamaba mucho la atención. Era muy bajito y endeble, con voz aflautada y ademanes afeminados, vestía siempre gabardina larga y sombrero, hiciera frío o calor, porque era muy friolero. Cuando te estrechaba la mano la dejaba caer flácida, como si sus dedos fueran de mantequilla», recuerda aún hoy el propietario del Hotel Trias, Josep Colomer.

Playa de la Catifa donde vivió Truman Capote www.palamos.cat

Las barcas de los pescadores le despertaban temprano, aseguraba que ese ruido le ayudaba a empezar a trabajar. Capote escribía de sol a sol y no relacionó con mucha gente, en Palamós encontró todo lo necesario para terminar la obra que más le obsesionó y guardaba con recelo sus escritos. Y esta novela fue la que catapultó su carrera: A sangre Fría. Cuentan que se aficionó al suquet de peix, a las sardanas y al mercado semanal.
«Él aquí se sentía desinhibido porque nadie lo conocía», reflexiona Ana María Kammüller.
Hombre de costumbres, el escritor acudía a diario a la misma librería, y de un humor excelente, para comprar la prensa de su país.
Sólo una mañana se marchó afligido del establecimiento: su amiga Marilyn Monroe había muerto. "¡Mi amiga ha muerto! ¡Mi amiga ha muerto!", repetía desolado al dueño, Josep Colomer.
Aquel día, el cargamento habitual de olivas rellenas, ginebra y ginger ale, que realizaba en la pastelería Samsó, fue de ración doble. Esa mujer a la que describió cruelmente en una Adorable criatura había aparecido inconsciente sobre su cama el 4 de agosto de 1962. Capote supo del suicidio unos días después por la prensa internacional que llegaba al pueblo mediterráneo. 
La actriz británica Madeleine Carroll fue la culpable de que durante los años sesenta Palamós viviese un espejismo de glamour. Ella sedujo al periodista Robert Ruark, y este a Capote para que pasase temporadas en la Costa Brava. Ellos le recomendaron la población de Palamós para escapar de los excesos de sus fiestas neoyorquinas.
Pensó en comprar la última casa en la que se alojó en verano de 1962, junto a cala Canyers. Fue su compañero sentimental, Jack, quien decidió cambiar de planes. Amante del deporte y la nieve, le convenció para que comprara un chalé en Verbier, en los Alpes suizos. No volvieron a Palamós.
«Fue una lástima, porque la tranquilidad y calidez de la Costa Brava le iban muy bien para su salud física y emocional. Tal vez si se hubiera comprado una casa aquí no hubiera tenido el final tan triste que tuvo», se atreve a puntualizar Josep Colomer.
El escritor murió por sobredosis a los 59 años en agosto de 1984.
Màrius Carol, periodista y escritor, ha escrito el libro L'home dels pijames de seda, novelando los tres veranos que pasó Truman Capote en Palamós en los años 60.

–¿Cómo supo de Palamós? –Parece que fue a través de un personaje instalado aquí, Robert Ruark, un periodista que escribía para The Washington Post y escribía novelas sobre cacerías en África que fueron llevadas al cine. Vivía en Es Monestrí, en Sant Antoni de Calonge, y tenía relaciones con gentes del mundo del cine. De hecho, había llegado aquí de la mano de Madeleine Carroll. En aquellos tres veranos, Capote vivió primero en una casa de la playa de La Catifa, más tarde en otra situada en el Comtat Sant Jordi, junto a Playa de Aro, y, después de otra estancia en La Catifa, se instaló el último año en Cala Senià, una magnífica finca con bosque y cala propia que posteriormente adquirió Carlos Ferrer Salat.

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